¿Qué es la resistencia a los antibióticos?

 

Los antibióticos son los medicamentos que tenemos para combatir las enfermedades causadas por bacterias (ojo, muy importante, decimos bacterias).

Hay que distinguir entre bacterias y virus, esos “organismos pequeñitos” hacen de las suyas pero no son lo mismo. Para eso tenemos antibióticos para las bacterias y antivirales para los virus.

  

En este caso nos referimos a las bacterias, y como todos, cuando las atacamos, se defienden y “aprenden” a sortear los ataques, porque su objetivo en la vida es sobrevivir lógicamente. Cuando una bacteria está en contacto con el antibiótico, aprende de ese “ataque” y trata de sortearlo de diferentes formas, camuflándose al más puro estilo Mortadelo disfrazando las características que le hacen ser reconocido por el antibiótico, modificando su exterior para impedir que el antibiótico acceda a su interior como si de un escudo se tratara o produciendo sustancias que inutilicen al antibiótico. Las bacterias, que son muy listas, utilizan uno de estos mecanismos o todos si pueden…

No debemos utilizar antibióticos cuando no hay infección por bacterias porque sin querer por un lado podemos arrasar con bacterias beneficiosas que habitan en nosotros y nos ayudan y protegen (ya hablaremos en otro momento de cómo evitarlo) y por otro lado podemos tener alguna bacteria que no nos provoca enfermedad porque nuestro sistema inmune la mantiene a raya, pero puede ir aprendiendo y perdemos el factor sorpresa el día que estemos enfermos y nos haga falta el antibiótico porque… esa bacteria habrá creado resistencias.

Ahora, recordar que cuando el médico nos prescribe un tratamiento con antibióticos, hay que tomárselo de principio a fin aunque te encuentres mejor al segundo día, tenemos que atacar y terminar con esas bacterias, si lo hacemos a medias, puede volver a repuntar la enfermedad y  ya conocerán nuestras armas.